Notícia
- Data
- 2009-02-04 12:19:00
- Titol
- Reportaje: ¿QUÉ QUEDA DEL PUJOLET? (I)
- Descripcio
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José Antonio Sánchez. A partir de esta semana os vamos a presentar un reportaje que versa sobre el antiguo campo del Pujolet. Lo vamos a dosificar en varios capítulos, pero no más de tres o cuatro semanas. Para los más nostálgicos este reportaje les puede ayudar a recordar épocas pasadas. Unas épocas, sobre todo, mejores que la actual. La verdad es que no se guarda mucho, es ley de vida, del antiguo campo del Pujolet, la casa del Cd’E Manresa durante 60 años, pero lo que queda y que aquí os mostraremos nos ayudará a muchos a realizar un viaje al pasado. Y a otras generaciones más jóvenes, a conocer aspectos desconocidos de la historia del Club.
LA PRIMERA PIEDRA
De hecho, se conserva lo más antiguo del Pujolet, lo primero que se coloca cuando se inicia una obra: la primera piedra. Lo cierto es que actualmente está en un estado de abandono, pero ha sobrevivido mejor o peor a los casi 24 años del estadio del Congost. Se encuentra a pocos metros de la entrada principal, junto a las taquillas. La piedra lleva esculpido a mano el escudo de la ciudad, junto con el año de construcción del campo del Pujolet, 1925. Lo más curioso del caso es que son ya casi 85 años los que ha sobrevivido. Mucho más que la primera piedra del estadio del Congost, que hace pocos años fue arrasada del lugar donde estaba situada, junto a la entrada a las oficinas y vestuarios, por las obras de construcción de la acera que hay detrás de grada del estadio. Lo que no pudieron arrasar fue el cilindro que se enterró a pocos metros de la superficie, que contiene un diario de la época (1985), algunas monedas de curso legal entonces y una copia de los planos de la instalación. La primera piedra del Pujolet, a pesar de su situación actual, tiene previsto un mejor futuro. Ya se han dado algunos pasos al respecto y no es descabellado que, dentro de unos cuantos años, pueda celebrar el Centenario de su construcción.
LOS BANCOS
Otros elementos del Pujolet que aún se conservan son los bancos que utilizaban los jugadores en los vestuarios. Lo que no puedo precisar es cuando se construyeron, pero lo que es seguro es que los jugadores de la última época dorada del Manresa (de 1973 a 1976), la del Presidente Ricard Oliva, sentaron sus posaderas en ellos. Eran los Romero, Lavandera, Echegoyen, Juanín, Abete, Nieto y compañía. Es más, no solo se guardan sino que se utilizan todavía ya que algunos de ellos están colocados junto a los árboles que hay en la entrada al recinto del Congost. Otros se encuentran en el entorno del campo anexo, en donde se colocaron hace ya bastantes años para que los utilizaran los seguidores de los equipos de fútbol base. Estos bancos también tienen su anécdota. Y es que gracias a ellos, durante los siete primeros años del estadio del Congost, los jugadores pudieron sentarse en ellos y no tener que hacerlo en el suelo, ya que al Club le entregaron un recinto completamente desnudo de bancos y perchas. Fue gracias a unas sobras de las Olimpiadas de Barcelona ’92, durante el mandato de Ramón Vancell en la presidencia del Club, junto con la colaboración del Regidor de Deportes del Ajuntament de Manresa, Francesc de Puig, que los vestuarios del Congost vieron por fin unos bancos y unas perchas de la época. Si observáis los bancos que hay en la entrada del estadio, hay uno que es más pequeño, la mitad que los otros. Ese banco estaba colocado en el vestuario de los entrenadores, en el Pujolet, y ahí también sentaron sus posaderas entrenadores como Pepe Pinto, Paco Mesa, Arcadi Prat (el actual Presidente), Martínez Bonachera, Texeiro… Esos bancos, con una buena mano de pintura y otra de barniz, la verdad es que aún podrían hacer servicio durante muchos años.
LAS VALLAS
Las vallas. Las vallas que había en la entrada del Pujolet (¿qué gran entrada?) y que servían de canales de distribución para los aficionados que accedían al recinto según su condición (socios, entrada general, pases…), también se conservan. En cada canal había un empleado atento a que todo el que pasase por allí le entregase el carné de socio, el pase o la entrada que previamente había adquirido en la taquilla. Aunque, ¿quién no se había colado alguna vez, siendo un niño, de la mano de algún adulto para ver a sus ídolos sin que el empleado se diera cuenta de la situación? Como dato curioso diremos que las vallas en cuestión, si anteriormente servían para que los aficionados del Pujolet pasasen entre ellas, ahora su cometido es todo lo contrario. Están colocadas en una esquina del Congost con el fin de que por allí no pueda acceder nadie al terreno de juego (aunque luego la realidad es otra muy distinta). En el campo anexo, el Congost Arena, aún se pueden ver un par de ellas junto al banquillo local.
En el apartado de Primer Equipo/Fotos podréis ver las imágenes relacionadas con este reportaje.



