Notícia

Data
2010-01-28 18:01:00  
Titol
A MI AMIGO JESUS, DE TODOS TUS AMIGOS  
Descripcio

José Antonio Sánchez. Faltaban pocos minutos para que fueran las nueve de la mañana del domingo. Llegué al Congost para cargar el equipaje del Primer Equipo y el Ocaña ya apareció por la puerta. “Hay que ir a buscar al niño; sobre todo, me dijo ayer, que no te olvides”, me dijo. “Ya, ya pensaba en él, ahora vamos a buscarlo”, le contesté. El niño al que se refería el Ocaña era el Jesús. Lo recogimos en el bar Els Tranquils, donde se había tomado un cortado para entrar en calor en una fría mañana, y enfilamos hacia Tona. En el camino, como siempre, fuimos hablando del Manresa, del Madrid, del Barça… A las diez en punto llegamos a la envidiable zona deportiva de la localidad osonenca. Después de los preparativos, mis dos acompañantes se personaron en el bar del campo con la intención de darse un homenaje gastronómico, como así fue. Como así era siempre en todos los desplazamientos que efectuábamos. Más tarde entré en el local, en busca del café para los jugadores, y allí estaba el Jesús, recién desayunado. Debatimos un ratito, sobre todo hablando de las excelencias de aquellas instalaciones, y yo ya volví en busca de mis obligaciones como delegado. ¿Quién me iba a decir a mí que aquella era la última vez que vería a mi compañero y amigo Jesús? (él regresó a Manresa con otro de sus grandes amigos, Mariano Iglesias, por lo que Ocaña y yo volvimos solos).

 

         Cuando a media tarde el Ocaña me llamó a casa para darme la noticia, la verdad es que no la asimilaba, no lo entendía, como me imagino que le ocurriría a todos los demás. ¡¡Pero si habíamos estado juntos el día anterior!! De un estado de confusión vas pasando, poco a poco, a la cruel realidad. Más aún cuando vuelvo a recibir otra llamada en el mismo sentido. Así, de golpe, mi mejor amigo abandonaba esta vida. Una vida que a veces puede ser maravillosa y otras tan cruel como para llevarse a uno de los nuestros, cuando no le toca. Incluso el cielo lloró toda la tarde, el día que se fue. Y cuando su cuerpo inerte transcurría por las calles de nuestra ciudad y se dirigía hacia donde estábamos todos sus amigos esperándole, un guiño desde el cielo, en forma de manto blanco, le acompañó hasta la Iglesia de Sant Pere Apóstol. Era un manto “blanco merengue”, su color favorito. Yo creo en el de allí arriba, pero a veces ni entiendo ni estoy de acuerdo con sus decisiones. Y que Jesús Sánchez haya tenido que abandonar este mundo ahora, no me parece una decisión acertada.

 

         Jesús, cuánto daría por poder discutir contigo sobre lo que sea. Y por que, como cada viernes, nos sentáramos en el palco del Congost viendo correr a los que son el futuro del Manresa. Y por que apareciese el Capellas por allí y te dijese: “Jesús, ¿y la llave de los balones?”. Y por que el Paco te invitase a una cerveza que al final pagarías tú. Cuánto daría por compartir mesa y tertulia contigo y el Ocaña la semana que viene, cuando vayamos a Olot, como ya teníamos planificado. Y por perder el sábado contra el Vilanova a cambio de ver tu enfado por la derrota. ¡Hasta daría lo que fuese por descubrirte fumando una faria, a escondidas para que yo no te pegara la bronca, en el banquillo del campo! Daría tanto por tantas cosas que ya no podrán ser… En más de una ocasión nos había imaginado a ti y a mí, cuando estuviésemos jubilados, haciendo el típico recorrido que hacen los viejos (bueno, las personas mayores) por el Paseo de Manresa y haciendo valoraciones, a la alza o a la baja, de los traseros y delanteras de las chicas más jóvenes que lucen palmito por allí. Tampoco podrá ser.

 

         Jesús, quisiera decirte tantas cosas… Pero la verdad es que estoy bastante bloqueado y no te puedo expresar todos los sentimientos de amistad que me unen a ti. Pero, como habrás visto en la nota que hay aquí al lado, en la página web, todo lo que yo te podía decir ya lo han hecho los amigos que has ido sembrando a lo largo de tu camino (por cierto, para ser un cascarrabias, ¿has visto la cantidad de amigos que tienes?).

 

         Me despido, Jesús. Pero no con un adiós, sino con una ¡hasta la vista! Yo soy de los que creo que volveremos a vernos. Y si allí arriba hay televisión y se puede ver fútbol, guárdame sitio a tu lado cuando llegue. Discutiremos.

 

Jose y todos tus amigos

 

PD: Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.

 (Alberto Cortez)

 

Es cierto, Jesús, nadie llenará el vacío que has dejado.

 
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